viernes, agosto 27, 2010

Mudanza y otros aires

En agosto del año pasado me mudé de casa. Un traslado como tantos, en el cual con mucha flojera tuve que empacar mis cosas, y con la leve nostalgia de que dejaba mi casita... para llegar a otra.

Como en toda historia... esta también tuvo un par de anécdotas. Primero una abeja que me siguió por todas partes de la casa antigua mientras empacaba (¿qué mito podría traer? ¿algo que dejé olvidado? ¿algún destino de esos que solo se leen en cadenas?). Nunca me picó, sino me acompañó como dándome ánimos.

Después de 3 horas la primera parte de la mudanza ya estaba hecha: todas las cosas tiradas en mi nuevo espacio. En ves de ordenarlas decidí hacer otra cosa y regresé a mi oficina... para presenciar la segunda anécdota rara: a los 10 minutos empezó una lluvia atípica en Ayacucho (no era época de lluvias y además hacía semanas que no caía ninguna). ¿Sería esta la lluvia mítica de la abundancia? ¿o la lluvia flemática y triste por la despedida?

De cualquier forma... me alegra constatar que mi nueva casa no está encantada...

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